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2. Faros de Formentera

En Formentera encontraréis dos faros preciosos que vale mucho la pena visitar. Os digo cuáles son:

Faro del Cap de Barbaria

No sé qué es más bonito, si el faro o el camino que te lleva a él. Paisaje lunar, solitario, árido, coronado por un faro que se levanta en medio de la nada. Mucha gente se concentra en este faro para despedir al sol y aplaudirle cuando se esconde en el horizonte. No podéis dejar de ir, aunque sólo sea un día: el colorido del cielo cuando el sol se pone en el mar es espectacular, y según el día se tiñe de tonos rojizos, dorados, púrpuras… Ya sabéis, un espectáculo gratuito que se repite cada día, y cada pase es diferente.

Una moda que apareció hace algunos años ha llenado el suelo del Cap de Barbaria de pequeñas montañas de piedras. No sé quién se ha inventado que es tradición amontonar ruscos para pedir un deseo cuando se esconde el sol… Una solemne tontería que está alterando el paisaje de este enclave. No lo hagáis, disfrutad del sol, del mar y del vientecito que siempre corre junto al faro. Vale mucho más la pena y no estaréis haciendo el guiri.

Faro del Cap de Barbaria.

Puesta de sol desde el Cap de Barbaria.

Tan cerca de tantos lugares y, por suerte, muy lejos de todos.

Faro de la Mola

La soledad en estado puro si no os la fastidia un bus repleto de guiris. Es la parte más alta de la isla, con un acantilado impresionante. De hecho, cuentan que en la Mola se inspiró Julio Verne para escribir una escena de Viajes y aventuras a través del mundo solar (1877) y los pitiusos, muy aficionados a las leyendas, le hemos levantado un busto junto al faro. Por supuesto, Julio Verne jamás estuvo allí. Pero, ¿qué más dará? La altura, junto al árido paisaje, hacen del faro de la Mola un sitio ideal para sentarse y descansar un rato mientras se saborea el horizonte.

Faro de la Mola.

El acantilado de la Mola es impresionante, pero ojito con asomaros demasiado,
que cada año han de rescatar a algún turista que ha bajado por las rocas y no puede subir.

Monumento a Julio Verne, quien nunca estuvo en Formentera pero no por ello deja de merecer un homenaje.